Francisco Colmenero
by Padme Maily Ferrin Meza"¡Oh, sí, mis queridos amigos y soñadores! ¡Abran bien sus corazones porque hoy les contaré la maravillosa historia de la Princesa Padme!
Érase una vez, en un reino muy, muy lejano... nació una princesita chiquitita llamada Padme. Pero, entre nosotros, con cariño y dulzura, todos la llamaban: ¡Padmesita!
Parecía tranquila... pero ¡oh, no se dejen engañar! ¡Solo lo parecía!
Desde pequeña, esta princesita fue una explosión de energía, ¡una fábrica de ideas que nunca se detenía! ¡Nació sin el botón de "pausa"! Mientras los demás niños dormían la siesta, la pequeña Padme ya estaba planeando su próximo gran... ¡show!
¡Siempre le gustó el modelaje! Caminaba por el salón del palacio como si fuera una pasarela profesional, ¡aunque llevara pijama y calcetines de colores diferentes! Para ella, la moda era sagrada. Mezclaba los colores más extraños y, con toda la seguridad del mundo, decía: "¡Sí, esto se ve... increíble!".
Y es que la creatividad, amigos míos, era parte de su ADN. Inventar, probar, experimentar... porque para la princesa Padme, aburrirse... ¡jamás fue una opción!
Entonces, la música llegó a su vida. Y decidió quedarse para siempre. Cantaba en su recámara, en el salón y, por supuesto, ¡en el baño... porque según sus cálculos reales, allí la acústica era perfecta!
También intentó conquistar el mundo sobre ruedas. Aprendió a patinar y ahí descubrió que el equilibrio... bueno, no era precisamente su mayor talento. Se caía, se levantaba y se volvía a caer... ¡pero eso sí!, siempre con mucha elegancia.
Pero si hay algo que la define... es su voz. Cuando era pequeña, ¿saben por qué cantaba? ¡Por cuentas de colores para sus pulseras! Ese era su salario artístico. Y ella era feliz, porque en su corazón, ya era una estrella internacional.
Su familia real fue su primer público. Pobre de aquel que quisiera escapar, porque el concierto no terminaba hasta que la princesa quería. Ellos la grababan, le aplaudían y escuchaban la misma canción... ¡por quinta vez consecutiva! Ellos creyeron en ella cuando el micrófono era imaginario y el escenario era cualquier rincón del palacio.
Hoy, esa princesa sigue aquí. Un poquito más grande, con más sueños y muchas ganas de comerse el mundo. Hoy cumple quince años, y esta historia no se puede contar en silencio.
Porque lo que viene ahora... se canta fuerte, se anuncia con mariachis y se celebra a lo grande. Así que, pónganse cómodos y preparen sus aplausos...
Porque después de esta historia, no entra una quinceañera cualquiera... ¡Entra la princesa que cantaba por pepitas de colores, pero que ahora llega... acompañada de mariachis de verdad!"