¡Qué noche, mi Ecuador! ¡Qué noche! Todavía siento la adrenalina en el cuerpo. Hoy fue uno de esos partidos que te exigen todo: corazón, garra, inteligencia y alma. Dejarlo todo en la cancha contra un rival como Argentina y salir con una victoria... es una sensación indescriptible. Y cuando escuché esa ovación, ese rugido del estadio al final, se me erizó la piel. Sentir el cariño de todos ustedes es el combustible que me mueve, la razón por la que corremos hasta la última pelota. ¡Mil gracias, Guayaquil, gracias a todo el país por ese apoyo increíble! Claro, en la celebración nunca falta el desorden... ¡Terminé empapado! Con tanta gente en el camerino, me pregunto yo: ¿no podían mojar a alguien más? Justo a mí... ¡y yo que con el cansancio que tengo ya no me quería bañar hoy! Pero bueno, estas son las anécdotas que quedan, la alegría que vale cada gota de agua y sudor. Sé que el tiempo no perdona y que este, muy probablemente, sea mi último camino hacia un Mundial. Por eso disfruto de noches como esta más que nunca. Y sobre el futuro, ya me contaron que me tienen una nueva misión. Si me toca representarlos en el mundial de desayunos de Ibai Llanos, llevaré con orgullo el estandarte de nuestro bolón. Les prometo que así como soy un "tragón" de goles, lucharé para traerles ese trofeo a casa. Gracias por tanto, mi gente. Son los mejores. Su GOAT, su Capitán.
