A veces, la vida no solo te golpea... la vida te rompe. Quizás hoy te sientes como ese jarrón de barro que cayó al suelo. Miras los pedazos en el piso y piensas: "Ya no sirvo. Mi tiempo pasó. Estoy demasiado roto para que Dios me use". Pero escucha esto: En las manos de Dios, nada se desperdicia. Hay una diferencia entre un objeto roto y un objeto entregado. El mundo ve tus grietas y te descarta, pero Dios ve tus grietas como una oportunidad para que Su luz brille a través de ellas. No es cuestión de cuántas veces te has caído, ni de qué tan grave fue el error. Se trata de quién tiene el control del barro. El proceso duele, sí. El fuego del desierto quema, es cierto. Pero es en ese fuego donde el barro se hace fuerte. Si te sientes destruido, no te rindas. No intentes pegar los pedazos tú solo con tus fuerzas, porque se volverán a caer. Pon los pedazos en las manos del Maestro. Él no te va a parchar; Él te va a hacer nuevo. Porque tu historia no termina en el suelo. Tu historia termina en las manos del Rey, demostrando que donde el mundo vio cenizas, Dios vio una obra maestra. Levántate. Tu fe no es una religión, es tu fuerza. Si Dios está contigo, ¿quién podrá detener lo que Él ya empezó en ti? No te rindas. Tu mejor temporada apenas comienza.