Aquí empieza la historia. La historia de un hombre que quiere entender lo que hay detrás de ese silencio, de esa distancia, de ese juego que no parece juego. Porque cuando una mujer se hace la difícil, no siempre está diciendo no. A veces está diciendo: demuéstrame que no eres como los demás. Tal vez está probando tu constancia. Quiere ver si eres alguien que vale la pena, alguien que no se rinde fácilmente. Tal vez tiene miedo de entregarse. Quizás ha sido herida antes y necesita tiempo para confiar. Tal vez quiere mantener el misterio. Algunas mujeres valoran el proceso de conquista como parte del romance. O simplemente busca respeto, no presión. Si siente que la estás apurando, puede alejarse más. Entonces, ¿qué haces tú? ¿Te conviertes en otro más que la persigue sin pausa? ¿O te conviertes en alguien que sabe esperar sin perderse? Sé claro pero no intenso. Exprésale tu interés sin agobiarla. Un me gustas, pero no voy a perseguirte puede ser más poderoso que mil mensajes. Respeta sus tiempos. La paciencia demuestra madurez. Si ella vale la pena, no te molestará esperar un poco. Mantén tu vida activa. No pongas tu mundo en pausa por ella. Tu independencia es atractiva. Sé coherente. No cambies de actitud según cómo ella responda. La coherencia genera confianza. Hazle sentir segura. No con palabras vacías, sino con acciones que demuestren que no estás jugando. Pero cuidado. No la critiques por hacerse la difícil. Eso puede sonar agresivo o inmaduro. No la persigas ni la ignores como castigo. Ambos extremos pueden sabotear la conexión. Y sobre todo, no te conviertas en alguien que no eres solo para gustarle. La autenticidad es tu mejor carta.
