Existió un tiempo dentro del Tiempo, un tiempo de acero, sangre y blasfemia. Un tiempo de gigantes y titanes, donde los hombres jugaron a ser dioses, y en su arrogancia, perdieron su humanidad. Fue una era de grandes imperios y grandes catástrofes, escrita con pluma de hierro y tallada en roca viva. Un tiempo perdido como grano de arena en el desierto, pero no olvidado. En aquella edad oscura, un hombre de espíritu indomable forjó proezas que lo elevaron a la inmortalidad en el firmamento de los héroes. Pero fue arrebatado del panteón divino, condenado a caminar entre mortales. Su nombre fue Elowen, hijo de esencia divina, de quien se narran mil y una historias. Un ser que un día desapareció, pero aquellos que lo acompañaron hasta el fin juraron que regresó al lugar del que una vez fue arrebatado… y que su leyenda apenas comienza.
