"Todavía siento el frío del agua en la piel... esto tuvo que ser un sueño, pero nunca nada se sintió tan real. Caminaba por un bosque que parecía respirar, rodeado de cascadas que susurraban mi nombre. Llegué a un templo y, en un parpadeo, la noche nos devoró; pero no era una oscuridad cualquiera. Sobre mí, las estrellas se movieron con voluntad propia hasta dibujar mi constelación, Libra, brillando con una fuerza que me atravesaba. El sol volvió casi de inmediato, guiándome hacia montañas imposibles donde el agua caía con fuerza. De pronto, la superficie rompió y vi a un dragón serpiente de agua alzarse... majestuoso, eterno. Pero el bosque me reclamaba. Al volver, lo vi: en un altar rústico, la Armadura Dorada de Libra. Su brillo no hería, me daba calor, como si me hubiera estado llamando toda la vida para decirme algo que casi podía entender. Al final, en otro templo, las cenizas cobraron vida. Un Ave Fénix estalló en llamas y partió el cielo antes de que mis pies me llevaran por la ruta final... la ruta de vuelta a la realidad."