A veces la vida me enseñó que el silencio dice más que cualquier canción. He amado con miedo y he perdido con el alma abierta, pero entendí que cada herida deja una luz pequeña encendida dentro de nosotros. No somos las lágrimas que caen, somos la fuerza que nos hace levantarnos después. Y aunque el mundo parezca frío, siempre hay un rincón en el corazón donde el amor sigue respirando.