No somos dos, somos la herida que insiste en cerrarse y se abre. Tus manos pesan como si el mundo dependiera de ellas, y yo me dejo caer aunque duela. Te odio, porque en tu silencio hay cuchillos y en tu mirada un hogar que no existe. Me sostienes, Joel, como si pudieras salvarme, como si yo pudiera salvarte. Y sabemos que no, que nadie salva a nadie, y sin embargo aquí estamos, atados, enamorados como bestias que se reconocen en la oscuridad.
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5 months ago
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