Amada iglesia, la vida sigue y la obra de Dios no puede detenerse. Esta es la casa de mi Padre, no de un hombre. Si algún día parto con el Señor, no se dividan ni compitan por posiciones. No se peleen por cosas tontas. Mantengan la unidad, el amor y el propósito. Lo importante es que el Evangelio se siga predicando y que esta casa permanezca firme, unida y llena de la presencia de Dios.