a encontró en una ruta de seda. Un mercader borracho intentó venderla como reliquia en Aviñón, pero la cabeza mordió su mano y rodó hacia el mar Mediterráneo. Las ratas que la siguieron llevaron la peste negra en sus lomos. En 1972, un grupo de arqueólogos la desenterró cerca de Petra. Uno de ellos, un hombre de mirada opaca y sueños llenos de ácido lisérgico, la colocó en su tienda. Esa noche, la cabeza susurró en inglés: *Matarás a quien más amas*. El hombre regresó a Texas y ahogó a su esposa en la bañera. Después, escribió en un diario: *Ella entendió, al final, que era necesario*. La cabeza sigue rodando. A veces se detiene en los umbrales de las casas, observando con cuencas vacías a las familias que cenan. Los perros la huelen y aúllan. Los locos la ven y
