“La juventud es como una flor que empieza a crecer: llena de colores, sueños y posibilidades. La Biblia nos recuerda: ‘Acuérdense de su Creador en los días de su juventud’ (Eclesiastés 12:1). Aunque a veces enfrentemos viento o lluvia, Dios siempre está ahí, cuidándonos y ayudándonos a florecer.”