“El refrigerador de jeffrey dahmer no guardaba comida, escondía algo que ni la policía quiso mostrar” El olor a carne podrida invadía todo el edificio, pero cuando la policía entró al departamento de Dahmer no imaginaban lo que estaba a punto de congelarles la sangre. El refrigerador estaba cerrado, con un zumbido constante que parecía gritarles que no lo abrieran. Uno de los oficiales tiró de la puerta… y adentro no había comida, no había bebidas, solo una cabeza humana perfectamente colocada como si fuera el centro de un altar. Los cajones del congelador guardaban corazones y órganos envueltos como si fueran cortes de supermercado. La escena fue tan perturbadora que los policías jamás volvieron a hablar públicamente de lo que vieron esa noche. Dahmer dijo que lo hacía para “sentirse acompañado”, como si esas piezas humanas fueran trofeos de un ritual imposible de entender. Aquel refrigerador no era un electrodoméstico, era la vitrina de un museo de horrores que todavía hoy persigue a quienes estuvieron ahí.
